Reflexiones EDG | La primera lluvia ⛈️

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La primera lluvia

Bastó una tarde de lluvia para recordarnos una verdad incómoda: Guadalajara presume estar lista para recibir un Mundial de Futbol, pero sigue batallando para enfrentar una tormenta de principios de junio.

La lluvia del domingo no fue un fenómeno extraordinario. No fue un huracán ni una tormenta tropical. Fue, simplemente, una de las primeras lluvias importantes de la temporada. Sin embargo, dejó a miles de personas sin energía eléctrica, provocó inundaciones, árboles caídos, semáforos fuera de servicio, socavones y un caos vial que paralizó buena parte de la ciudad.

Cada año ocurre lo mismo. Cada temporal llega acompañado de los mismos discursos, las mismas explicaciones y las mismas promesas de que ahora sí habrá prevención. Pero las lluvias regresan puntuales y la ciudad vuelve a mostrar sus puntos débiles.

La naturaleza cumple su ciclo. Lo preocupante es que nosotros parecemos condenados a repetir nuestros errores.

Mientras autoridades y políticos hablan de la fiesta mundialista que vivirá Jalisco en 2026, miles de ciudadanos enfrentan problemas mucho más terrenales: calles que se inundan, infraestructura insuficiente, árboles que representan un riesgo por falta de mantenimiento, colonias que se quedan sin servicios básicos y traslados que pueden convertirse en una odisea de varias horas.

El Mundial traerá reflectores, turismo y oportunidades económicas. Nadie lo discute. Pero también debería obligarnos a hacernos una pregunta elemental: ¿de qué sirve presumir una ciudad global si una lluvia ordinaria es capaz de ponerla de cabeza?

Las ciudades no se miden únicamente por la magnitud de sus eventos internacionales. Se miden por su capacidad para proteger a sus habitantes cuando las cosas se complican.

La lluvia del domingo dejó charcos en las calles, pero también dejó al descubierto algo más profundo: la distancia que existe entre la ciudad que queremos proyectar y la ciudad que realmente vivimos.

Porque los goles, las ceremonias y las fotografías para la promoción turística durarán unas semanas. Las inundaciones, los apagones y los problemas cotidianos seguirán aquí cuando se apaguen los reflectores.

Y quizá esa sea la pregunta más importante de todas: si la primera lluvia apenas comienza y ya vivimos este escenario, ¿estamos preparados para el temporal que viene o simplemente esperamos tener un poco de suerte?

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