ReflexionesEDG | La voz en el desierto

403
Compartir

En una tierra donde abundan las bardas pintadas, los periódicos de autoelogio y las sonrisas anticipadas rumbo al 2027, la voz del cardenal de Guadalajara sonó como una voz en el desierto.
Francisco Robles Ortega hizo un llamado sencillo: respetar los tiempos electorales y dejar de adelantar campañas. Nada extraordinario. Simplemente pidió cumplir la ley.

Sin embargo, basta recorrer las calles para descubrir que muchos políticos ya viven en campaña permanente. Inauguran casas de enlace que parecen cuarteles electorales, organizan reuniones que se asemejan más a mítines que a ejercicios de participación ciudadana y reparten publicaciones donde el nombre y la fotografía del funcionario ocupan más espacio que la información que dicen difundir.

Lo preocupante no es solamente la promoción anticipada. Lo preocupante es la normalización de la impunidad.

El propio cardenal advirtió que cuando las reglas no se respetan y nadie las hace valer, se instala la idea de que cada quien puede hacer lo que quiera. Y algo de razón tiene. Mientras las bardas siguen apareciendo, las denuncias duermen. Mientras los aspirantes aceleran el paso, el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana y demás autoridades avanzan con una lentitud que raya en la indiferencia.

Entretanto, los ciudadanos enfrentan preocupaciones mucho más urgentes: el agua turbia que llega a sus hogares, las inundaciones que amenazan cada temporal, la inseguridad y el costo de la vida.

Quizá por eso la voz del cardenal resuena en el vacío. Porque mientras algunos ya están pensando en la próxima elección, la mayoría de los jaliscienses sigue ocupada tratando de resolver los problemas del presente.

Y esa distancia entre la clase política y la realidad ciudadana es, tal vez, la campaña más evidente de todas.

403
Compartir
Salir de la versión móvil