Reflexiones EDG | Agua sucia, gobiernos limpios de responsabilidad

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Reflexiones EDG
Agua sucia, gobiernos limpios de responsabilidad

Hay problemas que no admiten discursos, campañas de imagen ni conferencias de prensa cuidadosamente ensayadas. El agua que llega color café y con mal olor a cientos de hogares de Guadalajara es uno de ellos.

Mientras las familias observan cómo de sus llaves sale un líquido turbio que mancha la ropa, percude azulejos, daña muebles de baño y genera incertidumbre sobre posibles riesgos para la salud, las respuestas oficiales siguen ausentes.

Lo más preocupante no es solamente el problema. Lo verdaderamente grave es el silencio.
El director del SIAPA, Ismael Jáuregui Castañeda, sigue sin ofrecer una explicación clara, técnica y convincente sobre las causas de esta crisis que se arrastra desde hace semanas. Los ciudadanos merecen saber qué está ocurriendo, cuáles son los riesgos reales y cuándo se resolverá definitivamente.

¿Dónde está el gobernador Pablo Lemus? ¿Dónde están los alcaldes metropolitanos? ¿Dónde están los diputados locales que tienen la facultad política de exigir cuentas y llamar a comparecer a los responsables?

Parece que el agua sucia corre más rápido que la capacidad de reacción de las autoridades.

Cada semana aparecen nuevos reportes, nuevas colonias afectadas y nuevas quejas ciudadanas. Sin embargo, la respuesta institucional sigue siendo la misma: promesas, cifras optimistas y llamados a la paciencia.

La realidad es otra. La realidad está en las cubetas llenas de agua amarillenta. Está en las familias que compran garrafones para cocinar. Está en quienes dudan si pueden bañarse con tranquilidad o lavar la ropa de sus hijos.

Quizá el problema recibiría atención urgente si el agua color óxido llegara a Casa Jalisco, a las residencias de los alcaldes o a los hogares de quienes toman decisiones. Tal vez entonces aparecerían las explicaciones, las soluciones y las comparecencias.

Pero mientras eso no ocurra, cientos de familias seguirán enfrentando todos los días una pregunta elemental que ningún gobierno ha sabido responder:

¿Por qué seguimos pagando por agua potable cuando lo que llega a nuestras casas no parece potable ni siquiera a simple vista?

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