Durante años el SIAPA fue tratado como una caja política. Cambiaron los colores de los gobiernos, pasaron administraciones del PRI, del PAN y de Movimiento Ciudadano, pero la historia fue la misma: poca inversión, mantenimiento insuficiente, decisiones de corto plazo y una administración que terminó por convertir uno de los servicios públicos más importantes en uno de los mayores problemas metropolitanos.
Hoy la realidad alcanzó a todos.
El Gobierno de Jalisco reconoce que con cinco mil millones de pesos no alcanza para reparar décadas de abandono y propone un rescate financiero y técnico que requerirá un endeudamiento cercano a los veinte mil millones de pesos, además del respaldo de la Federación.
La pregunta ya no es si el SIAPA necesita dinero. Lo necesita, y con urgencia. La pregunta correcta es otra: ¿quién garantiza que este dinero no terminará financiando los mismos vicios que llevaron al organismo al colapso?
Porque los ciudadanos ya pagaron una vez. Pagaron con aumentos a las tarifas. Pagaron abriendo la llave y encontrando agua turbia. Pagaron con electrodomésticos dañados, con enfermedades y con la incertidumbre de no saber si el agua que llega a sus hogares es realmente potable.
Ahora pretenden que también paguen la deuda.
El Congreso tendrá la última palabra. Y, siendo realistas, el gobernador no parece tener mayores obstáculos para conseguir los votos necesarios. La oposición seguramente convertirá la discusión en tribuna política, mientras la mayoría aprobará el proyecto.
Pero entre el discurso y la votación existe una obligación que no admite simulaciones.
Si habrá deuda, también debe haber candados. Cada peso debe estar etiquetado. Cada obra debe tener nombre, ubicación, calendario y costo público. Cada contrato debe ser transparente. Cada avance debe ser verificable. Y los perfiles técnicos deben sustituir, por fin, a las cuotas políticas.
El SIAPA no necesita otro rescate para sus finanzas.
Necesita rescatar su credibilidad.
Porque endeudar a Jalisco puede ser una decisión responsable… solo si esta vez el dinero sirve para llevar agua limpia a las casas y no para seguir alimentando las tuberías de la corrupción.
