El gobierno de Pablo Lemus carga una bola de fuego llamada López Mateos. No es solo un problema vial: es un problema político.
El hartazgo de miles de automovilistas atrapados a diario en esa avenida puede convertirse, tarde o temprano, en votos de castigo en las urnas.
¿A quién le conviene que no haya solución? A la oposición.
En especial a Morena, que podría capitalizar el descontento con la promesa de resolver lo que MC no ha sabido atender en más de una década.
Lemus, político hábil y buen gestor, abrió los Diálogos por la Movilidad Sustentable de López Mateos para escuchar voces diversas: vecinos, ambientalistas, empresarios y comerciantes. Un paso importante, pero también una prueba de fuego: conciliar intereses tan encontrados no es tarea menor.
Las primeras 15 estrategias acordadas dejan claro el rumbo: se descarta el segundo piso, se apuesta por el transporte público con un BRT en Camino Real a Colima, la extensión del Tren Ligero a Tlajomulco y la construcción de la Línea 5. Proyectos ambiciosos, sin duda.
El problema es que la realidad de los usuarios no cambia con PowerPoints. Miles de automovilistas siguen pasando dos o tres horas diarios en el tráfico, esquivando baches e inundaciones, y muchos de ellos viven en fraccionamientos diseñados para depender del auto. No ven en el transporte público la salida inmediata.
Por eso, López Mateos es más que una avenida colapsada: es el termómetro de un malestar social que puede volverse electoral. Lemus tiene la oportunidad de demostrar que sabe gobernar más allá del marketing y los anuncios. De lo contrario, la bola de fuego terminará quemando no solo su sexenio, sino las aspiraciones políticas de su partido en Jalisco.
















