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ReflexionesEDG | Mundial 2026: entre la protesta y la esperanza

Hoy inicia la Copa Mundial de Futbol 2026. Millones de ojos estarán puestos sobre México, sobre sus ciudades, su gente, su cultura y su capacidad para organizar uno de los eventos más importantes del planeta.

Sin embargo, mientras miles de mexicanos trabajan desde hace años para que esta fiesta deportiva sea un éxito, hay sectores políticos, mediáticos e ideológicos que parecen desear exactamente lo contrario. Desde algunos espacios se alimenta la narrativa del fracaso, se apuesta al caos y se anhela que las manifestaciones escalen en tensión para enviar al mundo la imagen de un país dividido e ingobernable.

Las protestas que hoy se anuncian en la Ciudad de México y otras sedes mundialistas tienen detrás causas reales y demandas legítimas. Ahí están los maestros de la CNTE, las madres buscadoras, los productores del campo, transportistas y familiares de víctimas que reclaman justicia. Son voces que merecen ser escuchadas por cualquier gobierno democrático.

Lo preocupante es cuando el legítimo derecho a la protesta es utilizado por grupos que buscan provocar confrontación o por actores políticos que sueñan con imágenes de represión para convertirlas en propaganda. La Presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en una ruta distinta: diálogo, respeto a las manifestaciones y rechazo al uso de la fuerza como respuesta política.

El Mundial también exhibe otra realidad. Es una fiesta cada vez más costosa. Los boletos están fuera del alcance de millones de familias, los restaurantes y zonas exclusivas elevan sus precios y muchos de los eventos oficiales terminan siendo inaccesibles para buena parte de la población. Paradójicamente, el mejor palco para la mayoría de los mexicanos seguirá siendo la sala de su casa.

Pero más allá de la política, las diferencias ideológicas y las legítimas inconformidades sociales, hoy México tiene una oportunidad histórica. La oportunidad de mostrar al mundo el rostro de una nación trabajadora, solidaria, alegre y hospitalaria.

Porque cuando rueda el balón, las fronteras políticas se vuelven más pequeñas. Durante unas horas dejamos de ser simpatizantes de partidos, opositores o gobernantes. Somos simplemente mexicanos.

Y quizá por eso el mensaje más importante en este día inaugural sea el más sencillo: que gane México. Dentro y fuera de la cancha.

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