Después de meses de quejas, protestas ciudadanas, reportes de agua color café y un silencio institucional que desesperó a miles de familias, algo finalmente comenzó a moverse en el Congreso de Jalisco.
Los diputados de la Comisión de Hacienda acordaron citar a una mesa de trabajo al director del SIAPA, Ismael Jáuregui Castañeda. Es una buena noticia. Quizá tardía, pero necesaria.
Porque el problema del SIAPA ya no puede reducirse únicamente al agua sucia que sale de las llaves. Detrás de esa agua turbia existe una institución atrapada entre problemas financieros, cartera vencida, deficiencias administrativas, decisiones cuestionables en materia de contratación y una infraestructura que parece acumular décadas de abandono.
Sin embargo, conviene no confundir una mesa de trabajo con una rendición de cuentas.
La ciudadanía no necesita solamente diagnósticos. Necesita respuestas. Quiere saber por qué sigue llegando agua con mal olor a sus hogares. Quiere saber cuándo terminará el problema. Quiere conocer quiénes son los responsables y cuáles serán las soluciones.
La reunión del próximo lunes representa un primer paso. Pero el tamaño de la crisis exige algo más grande: una comparecencia pública, abierta y transparente donde el director del SIAPA explique de frente lo que está ocurriendo.
Porque mientras en el Congreso se analizan informes y documentos, hay familias que siguen comprando agua para cocinar, lavando ropa que sale manchada y observando con desconfianza lo que sale de sus propias llaves.
El SIAPA necesita rescatar sus finanzas, modernizar su operación y recuperar la confianza ciudadana. Pero para lograrlo primero debe hacer algo elemental: dar la cara.
El Congreso finalmente despertó. Ahora falta que el SIAPA responda y que el Gobierno de Jalisco demuestre que el problema del agua dejó de ser un asunto administrativo para convertirse en una prioridad pública.
Porque el agua no puede esperar a la siguiente mesa de trabajo.
















