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Reflexiones EDG | ¿En qué momento nos volvimos tan violentos?

Un joven abordó un camión para continuar con su día. No iba a una guerra. No estaba involucrado en ningún conflicto. No cometía ningún delito. Simplemente subió al transporte público.

Minutos después estaba muerto.

Las primeras versiones indican que todo comenzó por una discusión vial entre el conductor de un camión y un automovilista. Un instante de ira. Un arranque de soberbia. Un momento en el que alguien decidió que su enojo valía más que la vida de los demás. Un disparo dirigido a una persona terminó arrebatándole la vida a otra.

La víctima fue identificada como Adrián Salinas Vázquez, joven activo en la vida política de Tlajomulco, con proyectos, amigos, familia y sueños por delante. Pero más allá de cualquier cargo o militancia, lo verdaderamente doloroso es recordar que era un ciudadano que salió de casa y ya no regresó.

Su muerte obliga a hacer preguntas incómodas.

¿Qué nos está pasando como sociedad?

¿Por qué cada vez parece más fácil perder el control?

¿Por qué una discusión de tránsito puede terminar con una persona armada disparando en plena vía pública?

Vivimos en una ciudad acelerada, estresada y cansada. Pasamos horas atrapados en el tráfico, soportamos jornadas largas, inseguridad, incertidumbre económica y una tensión permanente que parece acompañarnos a todos lados. Pero nada de eso puede convertirse en justificación para que la violencia ocupe el lugar de la razón.

Lo más preocupante es que comenzamos a acostumbrarnos. Un asesinato más. Una noticia más. Una indignación que dura unas horas en redes sociales y después desaparece.

Sin embargo, detrás de cada nota hay una silla vacía en una mesa familiar.

La muerte de Adrián no debería verse únicamente como una tragedia individual. Es también el reflejo de una sociedad que necesita recuperar la paciencia, el respeto por los demás y el valor de la vida humana.

Porque cuando una discusión de tránsito termina en un homicidio, el problema ya no está solamente en las calles.

El problema está en lo que nos estamos convirtiendo.

¿Cuá es tu reacción?

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